NORMA GARCIA COIROLO / MARGARIDA ALVES

  

NORMA GARCIA COIROLO

 

 

Inolvidables


                                     
Cuando el auto enfiló en la senda bordeada de eucaliptos  que corre paralela al río, cerca de la Boca del Tigre, pase al umbral del pasado y  fueron cayendo una a una las figuras pintorescas, que vivían en el pueblo de mi infancia.

Mis abuelos tenían su casa al lado de la Escuela. Una casa de dos a  las, con un patio central de ladrillos, con macizos de hortensias y retamas, que perfumaban el aire.
Frente a la puerta de la cocina estaba el aljibe, dónde mi abuelo enfriaba las bebidas, sumergidas en un balde, hasta lo profundo del mismo. En el fondo tenía perales y limoneros, enfrentados al galpón, dónde faenaban los cerdos.

A pocos metros de la casa, el río forma un recodo, dónde mi abuelo, al que llamábamos del “Ton Ton”  (sonido que hacía para incentivar al caballo del Sulky), tenía un rancho,  “El Remanso”. Allí él y mi abuela nos llevaban, a mi hermana y a mi a bañarnos en el río y comer las deliciosas comidas que ella preparaba. A veces íbamos hasta la Boca del Tigre”, una  entrada al río con una pequeña línea de arena fina,  por dónde se cruzaba el Yaguarón caminando, cuando había bajante.  

Quedaba a pocas cuadras del pueblo, frente al bosque de eucaliptos, allí vivía “Andrea”, una morena que se sospechaba había sido esclava. No se sabía muy bien dónde era su casa dentro del bosque, ella desaparecía entre los eucaliptos como si se desvaneciera, para aparecer por la calle principal del pueblo como un fantasma. 

Flaca y ágil, toda vestida de rojo, pollera, blusa, pañuelo en la cabeza, alpargatas y bolsa de tela al hombro. Deambulaba entre las calles, dónde los pobladores la provocaban con los caudillos de la época.

-¡Andrea! ¡Viva Batlle!                                           
-¡Y al que no le gusta que se calle! Gritaba con una voz cascada y aguardentosa.
-¡Andrea! ¡Viva Herrera!
-¡Que se vaya a sacar la piojera! Gritaba furiosa y mascullaba en voz baja cosas ininteligibles.

Sus ropas raídas y descoloridas, su pelo una maraña bajo el pañuelo, y su paso inseguro  se perdían entre los eucaliptos. Nunca se supo cuándo ni como murió.

A veces pasaba temporadas sola, la cuidado de mi abuela, que también era mi madrina.  Ella me bañaba, me peinaba, me vestía y me ponía un delantal de organdí bordado, cosido por mi madre con flores o animales bordados, y me dejaba sentarme en el escalón del zaguán, mientras realizaba las tareas.

Si pasaban las “Quitanderas”, el verdulero o el lechero, yo debía avisarle, para que realizara las compras del día. Las Quitanderas venían a caballo, con la maleta, (una bolsa blanca de lino), cruzada sobre la cabeza del caballo, frente a la montura, dónde llevaban, rapaduras, goiabada, ticholos, manteca en lata, azúcar negra, tesoros que yo apreciaba mucho y que deseaba probar.

El lechero tenia un carro bajo tirado por un petizo, dónde se apilaban los tarros de leche recién ordeñada. Él medía con una jarra y vertía el liquido en la lechera, recipiente que iría directo al fuego para hervirlo.  
Y el verdulero llegaba con su carro cargado de frutas y verduras, que pesaba con una balanza romana, y que luego serían transformadas en sabrosos platos y dulces deliciosos. 

Era un día soleado y tranquilo, yo estaba sentada en el escalón, distraída viendo los pobladores y esperando para avisar la llegada delos vendedores, cuando de pronto apareció frente a mi “La Paloma Blanca”. Una mujer vieja (sesentona), con un  delantal blanco y un pañuelo blanco impecable. Ante mi asombro quiso tomarme de la mano y me dijo algo que no recuerdo, que me asustó de tal manera, que sólo atiné a gritar: ¡Abuela!!!.

Ella apareció  en la puerta del zaguán como por encanto, parecía una tigresa, le hablaba fuerte, enojada y la amenazó si volvía a asustarme. Yo temblaba, recostada a sus piernas y a su cuerpo.  La Paloma desapareció gesticulando y moviendo los brazos, como un pájaro al iniciar su vuelo. No recuerdo  haberla visto alguna otra vez por el pueblo. 

Había otro personaje, “Pedro”, era un hombre  de unos cuarenta años, vestido con un  traje marrón de tela gruesa, gastado y zapatos que alguien le había regalado, porque era mas grandes que sus pies. También  llevaba una bolsa al hombro. Había sido rubio, pero su pelo desgreñado y su barba sucia no permitían apreciar sus facciones.   
   
Caminaba lento por la calle y a veces se sentaba en el gran escalón que formaba la calle y la vereda, para prevenir las inundaciones, a la sombra de los Plátanos.

Entonces alguien pasaba y le decía sin compasión:
-¡Llora Pedro, llora por el finadito!
Y el hombre se ponía a llorar sin consuelo, bajito. Era triste verlo y oírlo.

En realidad lo llamaban “Llora Pedro” por el drama que había marcado su vida. Había sufrido un ataque de catalepsia y lo dieron por muerto y lo enterraron.
El sepulturero del pueblo estaba  cubriendo con tierra el ataúd, cuando sintió la voz de Pedro pidiendo auxilio y lo desenterró, ante el asombro de todos. Pero Pedro nunca pudo recuperarse, por eso vagaba por las calles y lloraba desconsolado por él mismo.

Las veredas del pueblo sombreadas por los plátanos centenarios y la fresca brisa que llegaba del río convidaban a la siesta en los  días tranquilos, mientras transcurría el verano junto a mis abuelos.     
                           
Ahora la casa de mis abuelos destruida  y con un cartel de Se Vende, el bullicio de los autos, motos, bicicletas, la gente, los Free Shoop, las calles sin Plátanos, las veredas bajas,  dónde el tórrido sol se concentra  y el gas de los vehículos que  ahoga, hacen que el  recorrido del auto sea lento  y sofocante, devolviéndome a mis nostalgias, de Sulkys y Volantas, de juegos y cantos infantiles, y anécdotas de mi infancia en Río Branco, dónde nací.                                          
                                                              
                                                                      

Andréa
La Paloma Blanca
Llora Pedro

 

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MAGARIDA ALVES

 

 

Em Minha Vida


Em minha vida há emoções imensas
Meu coração, autêntico e fiel
Nunca mente em seus avisos
E eu, como sempre o escuto
Vou agindo meus dias usando emoções
As quais saídas dele próprio
Esse acumulador e revelador
De mil e uma emoção
Em minha vida há verdades
As que são ditas e sentidas por ele
Acumulador nato, nunca mente
Asas me dá para voar
Aos meus próprios impulsos
Sendo pactuadora desse fiel amigo
Onde nada mudará minhas escolhas
Diante desse falador eterno
Desse coração valente e cheio de bondade.

 

 

 

 Mar


Esse infinito mar
Que some ao longe
Que tem as ondas
Incansáveis em idas e vindas
Se desmanchando na praia
Mar, esse mar
Onde enriquece o espírito
Em humildade e fragilidade
Diante da sua força incomparável
Onde olhos que o viam já se fecharam
E a luz do sol, também inatingível, o ilumina
Mar azul e verde, de espumas brancas
Onde moram peixes, algas, vidas indecifráveis
Diante dele só se encontra paz
Só se medita, só de refazem desejos
Diante desse belo mar, só se sente bem
Assim é o mar
Mar imbatível, insecável, repetitivo e presente
Mar que resiste ao tempo
Que existe, simplesmente
Mar, que essa beleza seja eterna
Que os olhos nunca canse de te olhar
E que sua resistência seja eterna.

 

 

 Momentos


Há momentos onde o amor próprio fala mais alto. É como se a alma se questionasse: "E porque não eu?", "E porque só os outros?"...é como se, em um determinado espaço de tempo, ela começasse a olhar pra dentro de si mesma ou se ela
estivesse mandando a pessoa acordar para a vida, para as suas realizações e escolhas próprias. É nesse momento, onde, quem consegue escutar esse grito interior, começa a mudar, mesmo lentamente, mas que aos poucos vão começando a aparecer mudanças, no início, interiormente, depois, aflorando significantemente nos setores da vida. É assim ocorre a famosa fase da vida onde se é pronunciada, de forma consciente a frase: "eu consegui, eu venci!".

 

 

 

Mulher 


Ah...essa mulher que há em mim
Que habita em meu ser

Essa mulher que canta a vida
Em cada vitória concebida
Ah...essa grande mulher que ás vezes
Se sente tão pequena, tão frágil
Que embala a alma com sonhos e encantos
Mulher que muitas vezes pensa em desistir
Que em outras tantas vezes só sente sede de vencer
Mulher que desperta para a vida
Em cada batalha perdida
Porque sabe que tem que continuar
Mulher...acúmulo de emoções e sentimentos
Poço de solidão de sofrimento
Mar de realizações e vitórias
Umas tantas qualidades a mais
Outros tantos defeitos a menos
Ah, essa mulher que vive em mim
Que seu fogo seja infinito
Que sua sedução seja certa
Que seu lado criança nunca morra
Que seus trejeitos sempre conquistem
Ah...essa mulher...e que mulher é essa
Em seu lado feminino de ser
Insaciável, dominante, sedutora, sedenta e loba
Ah...essa mulher independente e moderna
Mulher, onde as palavras são poucas para decifrá- la
Mulher...ser único, onde sua fortaleza está na sua fragilidade, 
meiguice, leveza, pureza e beleza.




E Nos Momentos de Tristeza



Que a leveza contida na alma não acabe
Que os sonhos tanto almejados continuem
Que a solidão não vença o conforto espiritual
Que os temores não vençam a coragem

Que a tristeza nunca seja substituída pela alegria
Que a infelicidade não destrua a paz
E nos momentos de tristeza
Que tudo pareça que está bom
Que a força de vencer permaneça na alma
Que o espírito de vencedor nunca morra
Que a certeza de que tudo vai dar certo seja uma forte aliada
Que atue sempre em seu ser a segurança e confiança em si próprio
Que nada nem ninguém sejam mais fortes que suas perspectivas, desejos e aspirações
Que seu jeito consciente do que se quer sejam superiores a todas as cargas negativas
E nos momentos de tristeza
Nada melhor de que, em meio a tantos desalentos
Poder ter o poder de encontrar o silêncio
E nesse, o próprio ser respirar em paz, mesmo em meio às piores tempestades
Poder ter a consciência de que se pode ser feliz
Mesmo vivendo momentos tristes
Pelo poder da superação morar em seu ser
E só assim, mesmo com tantos desenganos e desalentos
Poder sentir o gostinho de pronunciar a palavra chave
Eu sou um vencedor porque venço lentamente todos os dias.

 

 

AUTOESTIMA


NÃO ADIANTA SE AFLIGIR
AS OPORTUNIDADES SURGEM
OS SONHOS SE CONCRETIZAM
SEMPRE HÁ UM RECOMEÇO
A ESPERANÇA VAI SEMPRE EXISTIR
ONDE OS DESEJOS SÃO ALMEJADOS
NUNCA SOME DESILUSÕES
VIVA O HOJE COM INTENSIDADE
E O AMANHÃ INCERTO E DUVIDOSO
FICARÁ ENCARREGADO DE CHEGAR
 E DE SER VIVIDO DE FORMA PLENA
APENAS SOBREVIVA ÀS DESILUSÕES
NA CONSCIÊNCIA DE QUE O BEM E O MAL SÃO REAIS
PROCURE VIVER CADA MOMENTO COM SABEDORIA
SUPREMACIA, SOBERANIA, HUMILDADE, CORAGEM E FÉ
OS ACONTECIMENTOS QUE A VIDA O DARÁ
NA CONSCIÊNCIA DE QUE VALE A PENA VIVER
E A AUTOESTIMA SEMPRE IRÁ EXISTIR EM VOCÊ.



NÃO CONSIGO


NÃO CONSIGO DIZER O QUE PENSO
QUANDO MOMENTO É DE CALAR
E ASSIM ESCUTAR O SILÊNCIO

NÃO CONSIGO SEGUIR EM FRENTE
DEIXANDO PARA TRÁS O QUE ME MARCOU
POIS SÃO AS MOTIVAÇÕES PARA SEGUIR EM FRENTE
LEVANDO COMIGO O QUE DE MELHOR VIVI

NÃO CONSIGO NÃO SORRIR PARA UM AMIGO
QUANDO ESTÁ VINDO EM MINHA DIREÇÃO
E COM UM FORTE ABRAÇO O APERTAR
FAZENDO- O SENTIR AS BATIDAS
CONSTANTES E SEMELHANTES
DOS NOSSOS CORAÇÕES.



Por Onde Irei?

Por onde irei

Se meus passos teimam

Em irem em direção aos teus
Se meus pensamentos e sentimentos
Insistem em manter as tuas lembranças
Por onde irei, me sentindo ainda tua
Se em meu coração só existem desejos teus
Assim vou seguindo, substituindo aos poucos
As tuas essências que ainda moram dentro de mim
E o que fomos está cada vez mais sumindo de tudo
E tudo está cada vez se perdendo no ar
Onde sinto que o que fomos, se resumirá em nada
E que logo em breve nada mais de nós restará
Pois sinto que até as mais fortes e profundas lembranças
Lembranças essas dos nossos momentos únicos e inequeciveis
Se tornarão em nada e mesmo sem querer
Irei também te esquecer
Será quando poderei, infelizmente
Começar a saber por onde irei
Porque será sem te-lo
E assim, te renovarei em outros braços
Vivendo- o novamente, mesmo sem perceber.


As flores

Elas, as flores, continuam a florir
Mesmo que ao seu redor haja desenganos
Mesmo que durante o dia hajam desavenças
Mesmo assim elas continuam a desabrochar
Mesmo acontecendo fatos ruins
Mesmo que nem percebam as suas belezas
Os seus perfumes, suas cores deslumbrantes
Mesmo assim elas continuam a enfeitar o lugar onde brotaram
As flores não tem culpa dos problemas ao seu redor
Elas não estão vivas para falar ou andar
Só querem encantar a quem as vêem
E fazer com que descarreguem suas tristezas ao olhá- las
As flores...estão apenas, fazendo o seu papel. 

Margarida Alves

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